A Ernesto,
Mi postura sobre el tema cubano la conoce ya todo el mundo que ha leído mis comentarios aquí.
No me molesta que se quiera preservar en Cuba el socialismo, si se entiende como tal un sistema que respete el derecho a la vida, que no es el derecho solo a existir, sino otra serie de derechos, o más bien necesidades –porque hasta la Libertad más que un derecho es una necesidad– que conducen a lo que es realmente vivir de forma digna y plena, y que esto sea para todos, no solo para unos privilegiados.
Si usted analiza el mundo notará que el capitalismo no se caracteriza precisamente por eso, que yo considero justo, sino por todo lo contrario; entonces yo, que soy un privelegiado, pues heredé genes excelentes para las matemáticas, por ejemplo, y además tuve la gran suerte de que me permitieran la entrada a los Estados Unidos, no me voy a cegar, pensar que todo el mundo tiene las mismas oportunidades que yo he tenido bajo el capitalismo, y voy a decir: «que se jodan los pobres, si en fin, de ellos será el reino de los cielos»; no, yo quiero un sistema que tenga tanto en cuenta las necesidades del individuo como las necesidades de la comunidad, pues unas viajan juntas obligatoriamente con las otras; un sistema que no tenga como único principio de la transferencia de bienes, servicios y capital entre las personas la ganancia y el beneficio, o sea la muy mal llamada “eficienca económica” del homo economicus neoliberal, falsa además, sino también la generosidad, el altruísmo y la solidaridad, componentes tan reales y motivantes de la naturaleza humana como lo puede ser la ganancia personal; un sistema basado en la ética y la proteccion a la Tierra, en fin, pues me parece mucho mejor ese sistema que el capitalismo brutal que se expande por el mundo, destruyéndolo en todos los sentidos, y cuya mejor expresión está en el tratamiento que se le ha dado a la crisis global desde las potencias occidentales, y que es la única propuesta que plantean y pueden plantear en las actuales circunstancias históricas los más reconocidos adversarios del gobierno cubano, sobre todo, los que gozan con el poder de Estados Unidos para hacer y deshacer. Entonces, si usted, o cualquier otro, o yo mismo, decidimos llamarle al sistema que yo quiero socialista, pues bienvenido sea el apelativo; capitalista no es.
Dicho esto, también siempre he dejado constar mi posición acerca del socialismo que se estableció en Cuba, el cual rechazó casi por entero la iniciativa independiente, concentrándolo todo verticalmente y dejando muy poco espacio para lo horizontal, y eventualmente generalizando una serie de vicios que no son ni socialistas ni capitalistas, son humanos, pero que se intentaban erradicar con la Revolución, responsabilidad de lo cual la tienen todos los cubanos desde arriba hasta abajo, y de un lado a otro, incluyendo por supuesto a los líderes, pues el capitán de barco es capitán de barco tanto cuando el barco marcha con buen rumbo como cuando se está hundiendo: la máxima responsabilidad siempre cae sobre el capitán del barco.
Ahora, usted dice: “esto no es para preservar el socialismo, es solo para preservar el poder de la clase alta de Cuba, que la componen los jerarcas del partido y de los altos oficiales.” Pero resulta, que haga lo que haga el gobierno de Cuba, así haga todo lo que usted desea que haga, usted siempre dirá lo mismo: lo hacen para mantener el poder. Imagínese por un momento que en Cuba se establece un gobierno capitalista. Automáticamente la mayoría de cubanos se quedarían sin trabajo, porque ese gobierno capitalista tomaría exactamente las mismas medidas que está tomando el gobierno cubano, solo que la gente iría probablemente un poco más rápido para la calle. Lo que está pasando en Cuba es lo que tiene que pasar para salvar el país; simplemente, o se trabaja y se produce, o terminamos bastante mal, pero no el socialismo o la Revolucion -el país, bajo cualquier sistema. El caso es que cuando uno analiza lo que se dice entre los adversarios del gobierno de Cuba, uno nunca llega a saber si están a favor del capitalismo, del comunismo, del fascismo… La cuestión es estar en contra del gobierno de Cuba. Cuando para todo existe una sola respuesta, eso es dogma, precisamente lo que dicen querer erradicar los adversarios del gobierno.
¿Qué quiere decir usted? ¿Qué Raúl Castro no debe ser Presidente de Cuba? Dígalo. Ahora, deme una mejor explicación que “el manteniemiento del poder”, y si cree que esta es la única, dígame por qué. Pero sobre todo dígame quién usted cree que está capacitado para gobernar Cuba, para que aquellos que en este foro piensen diferente le puedan rebatir. ¿No quiere usted, como se dice, la democracia para Cuba? Facilite la democracia. De argumentos válidos y sálgase de los lugares comúnes. Con lo que está haciendo, que es propaganda, me parece que contribuye bastante poco.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
martes, 21 de diciembre de 2010
Ultimos comentarios publicados en Cubadebate -18-12-2010
Ante todo reafirmar lo que he venido diciendo aquí a través de mis comentarios: se percibe un compromiso serio desde la máxima dirigencia de la nación, en este caso reflejado en las palabras del Presidente de Cuba, Raúl Castro, por enderezar el rumbo económico del país, rectificando conceptos que en su día fueron baluartes de la experiencia socialista cubana y que hoy son considerados errores, además de facilitar desde lo más alto, con las repetidas aluciones a la aceptación de la discrepancia, la apertura a una sociedad más libre, lo cual sin dudas fortalece el proceso, pues como bien dice Raúl “mientras más ideas seamos capaces de provocar en el análisis de un problema, más cerca estaremos de su solución apropiada.” Tenemos que entender los cubanos -eso sí- que libertad no es libertinaje, que la libertad entraña una responsabilidad, que aunque sea un derecho, como nos asegura Raúl en su discurso, su ejercicio, para que sea correcto y productivo, tiene que enmarcarse dentro de ciertos parámetros, incluyendo la seriedad, la buena voluntad, el respeto y otros, pero sobre todo una buena base de conocimiento, todo lo cual entra en aquello que dijo Martí –”ser cultos para ser libres”–, y en esto que dice Raúl: “las diferencias de opiniones, expresadas preferiblemente en lugar, tiempo y forma, o sea, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta, siempre serán más deseables a la falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo.”
Yo creo que este es un momento importantísimo en la historia de Cuba, un momento que muchos estabamos esperando, y por lo tanto debe ser aprovechado por todos para construir, que a la vez equivale a echar la desidia y el cinismo a un lado y ponerse a trabajar por el bien de todos, que dentro de una sociedad, es también el bien de uno: no es este un momento para el egoísmo. Esto vale tanto para los cubanos de dentro como los de afuera, que todos tienen algo que aportar y contribuir, aunque no estemos de acuerdo con todo, aunque tengamos diferentes visiones. Me parece que este es el momento para un acercamiento entre la Cuba de adentro con la Cuba de afuera, aunque a niveles de familia y barrio este no ha dejado de existir –probablemente la garantía de que no es una idea absurda. La realidad es que son más las limitaciones a tal reencuentro que se ponen afuera que las que se pone adentro, teniendo en cuenta que el gobierno cubano ha estado en muchas ocasiones dispuesto a dialogar no ya con exiliados, sino con el mismo gobierno norteamericano, y que desde los sectores más derechistas del exilio siempre se le han puesto trabas a todo acercamiento, sirviéndose para ello del poder del gobierno de Estados Unidos, mediante medidas punitivas –carentes de toda ética por lo demás– que en lugar de facilitar un mejoramiento de las relaciones entre una y otra parte solamente consiguen imposibilitarlas. Hay dos realidades: 1) las exigencias que se le hacen a Cuba no se le hacen a nadie (porque de hacérselas a todos no existirían relaciones comerciales en el mundo), por lo que ya son de hecho discriminatorias; 2) y esta es la más importante, la independencia de Cuba es irrenunciable, por lo que la descarada utilización del poder norteamericano por parte de los sectores derechistas del exilio siempre será rechazada dentro de Cuba y matendrá la situación en un permanente estado de guerra. Mientras esto no se entienda, el acercamiento será imposible, el pueblo cubano seguirá siendo el único perjudicado, y el exilio político (no hablo de todas esas personas que han emigrado por razones meramente económicas a Estados Unidos) continuará aportando solo negatividades a la vida cubana, además de negándose y privándose con toda razón del derecho a participar en la elaboración del camino que toma la Patria.
Y si hablo de un acercamiento entre la Cuba de adentro y la Cuba de afuera, no puedo dejar de hablar de los Estados Unidos, y su posición clara a favor de una de las partes, la que aparentemente favorece sus intereses, a partir de la ignorancia, arrogancia y prepotencia que siempre ha caracterizado a los norteamericanos con respecto a Cuba y Latinoamérica, porque en realidad lo único que logra es cerrarle puertas cada día mayores en nuestro hemisferio y en la misma Cuba, perjudicando a la larga los mismos intereses que pretenden o dicen defender, no ya del pueblo norteamericano, sino los intereses que siempre han sido para ellos los más importantes: los económicos. Ya el gobierno cubano ha manifestado en numerosas ocasiones su disposición a dialogar sobre bases de igualdad y sin precondiciones, mientras el gobierno norteamericano ha tomado medidas mínimas, reestableciendo viejas normas que el gobierno de Bush había suprimido, pero manteniendo como condición para el levantamiento del Embargo una serie de condiciones que no solo son inaceptables para el gobierno cubano, sino también para cualquier cubano con un poco de vergüenza, además de ser totalmente ilógicas dentro de un panorama en el que, desde la misma diplomacia norteamericana, se reconoce que no existe una alternativa política seria y viable dentro de la disidencia, que es reconocer que dentro de las actuales circunstancias cubanas el único partido político con capacidad de gobierno es el Partido Comunista, y que exigir elecciones “libres” para levantar el Embargo es una aberración que solo prolonga el daño al pueblo llano: gústele a quien le guste y pésele a quien le pese hoy gobiernan en Cuba las personas que cuentan con la suficiente legitimidad y los mecanismos para hacerlo, por lo que perpetuar la política punitiva es absurdo, contraproducente, un callejón sin salida que roza el crímen. Ya que ellos no se dan cuenta hay que decirselo, desde este comentario de una persona simple y modesta cuya sola intención es ver al país donde nació avanzar pacíficamente hacia un futuro mejor: el gobierno norteamericano debe entender de una vez por todas que le corresponde a los cubanos decidir su futuro, dejandolos trabajar en paz, y si quiere jugar algún papel dentro de Cuba, después de 50 años de Revolución, solo lo logrará a partir de la cooperación, jamás desde la agresión.
Yo creo que este es un momento importantísimo en la historia de Cuba, un momento que muchos estabamos esperando, y por lo tanto debe ser aprovechado por todos para construir, que a la vez equivale a echar la desidia y el cinismo a un lado y ponerse a trabajar por el bien de todos, que dentro de una sociedad, es también el bien de uno: no es este un momento para el egoísmo. Esto vale tanto para los cubanos de dentro como los de afuera, que todos tienen algo que aportar y contribuir, aunque no estemos de acuerdo con todo, aunque tengamos diferentes visiones. Me parece que este es el momento para un acercamiento entre la Cuba de adentro con la Cuba de afuera, aunque a niveles de familia y barrio este no ha dejado de existir –probablemente la garantía de que no es una idea absurda. La realidad es que son más las limitaciones a tal reencuentro que se ponen afuera que las que se pone adentro, teniendo en cuenta que el gobierno cubano ha estado en muchas ocasiones dispuesto a dialogar no ya con exiliados, sino con el mismo gobierno norteamericano, y que desde los sectores más derechistas del exilio siempre se le han puesto trabas a todo acercamiento, sirviéndose para ello del poder del gobierno de Estados Unidos, mediante medidas punitivas –carentes de toda ética por lo demás– que en lugar de facilitar un mejoramiento de las relaciones entre una y otra parte solamente consiguen imposibilitarlas. Hay dos realidades: 1) las exigencias que se le hacen a Cuba no se le hacen a nadie (porque de hacérselas a todos no existirían relaciones comerciales en el mundo), por lo que ya son de hecho discriminatorias; 2) y esta es la más importante, la independencia de Cuba es irrenunciable, por lo que la descarada utilización del poder norteamericano por parte de los sectores derechistas del exilio siempre será rechazada dentro de Cuba y matendrá la situación en un permanente estado de guerra. Mientras esto no se entienda, el acercamiento será imposible, el pueblo cubano seguirá siendo el único perjudicado, y el exilio político (no hablo de todas esas personas que han emigrado por razones meramente económicas a Estados Unidos) continuará aportando solo negatividades a la vida cubana, además de negándose y privándose con toda razón del derecho a participar en la elaboración del camino que toma la Patria.
Y si hablo de un acercamiento entre la Cuba de adentro y la Cuba de afuera, no puedo dejar de hablar de los Estados Unidos, y su posición clara a favor de una de las partes, la que aparentemente favorece sus intereses, a partir de la ignorancia, arrogancia y prepotencia que siempre ha caracterizado a los norteamericanos con respecto a Cuba y Latinoamérica, porque en realidad lo único que logra es cerrarle puertas cada día mayores en nuestro hemisferio y en la misma Cuba, perjudicando a la larga los mismos intereses que pretenden o dicen defender, no ya del pueblo norteamericano, sino los intereses que siempre han sido para ellos los más importantes: los económicos. Ya el gobierno cubano ha manifestado en numerosas ocasiones su disposición a dialogar sobre bases de igualdad y sin precondiciones, mientras el gobierno norteamericano ha tomado medidas mínimas, reestableciendo viejas normas que el gobierno de Bush había suprimido, pero manteniendo como condición para el levantamiento del Embargo una serie de condiciones que no solo son inaceptables para el gobierno cubano, sino también para cualquier cubano con un poco de vergüenza, además de ser totalmente ilógicas dentro de un panorama en el que, desde la misma diplomacia norteamericana, se reconoce que no existe una alternativa política seria y viable dentro de la disidencia, que es reconocer que dentro de las actuales circunstancias cubanas el único partido político con capacidad de gobierno es el Partido Comunista, y que exigir elecciones “libres” para levantar el Embargo es una aberración que solo prolonga el daño al pueblo llano: gústele a quien le guste y pésele a quien le pese hoy gobiernan en Cuba las personas que cuentan con la suficiente legitimidad y los mecanismos para hacerlo, por lo que perpetuar la política punitiva es absurdo, contraproducente, un callejón sin salida que roza el crímen. Ya que ellos no se dan cuenta hay que decirselo, desde este comentario de una persona simple y modesta cuya sola intención es ver al país donde nació avanzar pacíficamente hacia un futuro mejor: el gobierno norteamericano debe entender de una vez por todas que le corresponde a los cubanos decidir su futuro, dejandolos trabajar en paz, y si quiere jugar algún papel dentro de Cuba, después de 50 años de Revolución, solo lo logrará a partir de la cooperación, jamás desde la agresión.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Es nuestro juego
Como decíamos ayer en Cubadebate le toca a Cuba y a los cubanos establecer las Reglas del Juego. Esto es algo muy claro que tienen que tener tanto los Estados Unidos como aquellos cubanos --exiliados o no-- que crean que los cambios en nuestro país pasan por someterse a los dictámenes del gobierno norteamericano y demás potencias occidentales. No se trata de ser revolucionario, comunista, o fidelista --se trata de tener un poco de sentido común, de respetar un derecho elemental de las relaciones internacionales: el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Lo escandaloso no es que se celebre este congreso del Partido Comunista (y que cuente que no nos consideramos comunistas ni marxistas, sino martianos, y por ende afines a las ideas de justicia social en que se ha basado la Revolución, en las que, por supuesto, también se basa el marxismo y el cristianismo sincero), lo escandaloso es que después de 50 años de este proceso histórico todavía la parte poderosa del exilio y el gobierno de Estados Unidos no comprendan esta realidad: la Revolución cubana es la culminación de nuestro proceso independentista, truncado en 1902 y en 1933, proceso que no es más que llegar a poner en efecto del derecho a ser nación y como tal a autogobernarnos, para lo cual irremediablemente siempre hemos tenido que confrontar la presencia tan cercana de Estados Unidos, que es el país que por motivos exclusivamente económicos y estratégicos siempre ha estado interesado en que no seamos independientes, para marcarnos, a nosotros y el resto de naciones americanas, porque siempre nos han considerado gente de segunda categoría, el camino que debemos seguir. El plan se les fastidió con Batista, que siempre les sirvió de instrumento pero se les fue de las manos, y cuando intentaron intervenir ya era demasiado tarde: llegó el Comandante y mandó a parar. Las Reglas del Juego cambiaron: ya ni el gobierno ni el pueblo les tiene que hacer caso. Así que podrán dejar el Embargo injusto e inmoral el tiempo que deseen, pero no van a conseguir absolutamente nada a cambio, excepto que los cubanos que se sientan verdaderamente orgullosos de ser cubanos defiendan su derecho a autogobernarse. Es una guerra clara y perpetua entre la independencia y la sumisión, entre la vergüenza y el dinero, y de momento siguen ganando los que prefieren la independencia y la vergüenza. Pasar del socialismo al capitalismo no significaría acabar con la guerra, sino darle otro perfil, girar la tortilla, porque el capitalismo en Cuba siempre será un instrumento de los intereses de Washington y Wall Street, no de Párraga o La Rampa; la guerra estará siempre ahí, entre cubanos dignos y cubanos sumisos. La paz solo se conseguirá cuando dejen al pueblo cubano tranquilo de una vez y por todas, decidiendo las Reglas de nuestro juego, al fin y al cabo, es nuestro juego.
viernes, 29 de octubre de 2010
Campaña contra el Embargo
En concordancia con nuestra postura acerca del Embargo estadounidense contra Cuba, hoy iniciamos una campaña en nuestro sitio que se centra en algunas de las compañías que brindan su apoyo financiero a los congresistas cubanoamericanos en el Congreso de los Estados Unidos, el Senador Bob Menéndez y los Representantes Ileana Ros-Lehtinen, Mario Días-Balart y Albio Sires. Hemos puesto los enlaces de contacto con estas compañías, así como una pequeña carta que puede ser copiada y pegada, y en la que le dejamos a las personas que la utilicen la opción de decidir qué medidas o acciones tomar en contra de las compañías. Una vez más es importante subrayar que en las actuales circunstancias aspirar a la eliminación total del embargo pasa por una lucha frontal contra quienes lo promueven dentro de la maquinaria política norteamericana, y esos son los sectores ultraderechistas del exilio en Miami y Nueva Jersey a través de los congresistas de origen cubano. Ahora con la probable llegada al Senado de Marco Rubio su poder debe aumentar. Se hace imprescindible que adoptemos una posición activa contra ellos, y una muy buena manera de empezar es cortándoles algo del flujo de dinero que los sostiene en el poder. Para acceder a nuestro sitio pueden visitar: http://www.debatecuba.org/EmbargoNo/boicot.html
jueves, 21 de octubre de 2010
Criticar por criticar o el arte de no ayudar
Confesamos que léemos El Nuevo Herald poco, pues desde que lo conocemos, como el Granma, ha cambiado poco, y para más de lo mismo preferimos aprovechar nuestro tiempo en otros medios más productivos, como Cubadebate que trae una visión bastante amplia de la izquierda internacional (mientras para la visión de la derecha menos recalcitrante seguimos utilizando El País de Madrid).
Pero ayer hicimos una pequeña incursión por las páginas digitales del diario miamense, por las páginas dedicadas a Cuba, y nos tropezamos con un artículo del señor Alejandro Ríos que nos causó malestar de estómago.
Debemos aclarar primero que el señor Ríos es uno de los tantos intelectuales cubanos, o seres que tratan de vivir de la cultura cubana, al servicio de la industria anticastrista existente en Estados Unidos, principalmente en el sur de la Florida. En los años noventa dirigió el Ciclo Cubano de Cine que ofrecía el Miami-Dade Community College y que con cierta regularidad proyectaba películas producidas en la Isla, la mayoría de las cuales presentaban una imágen negativa del proceso cubano. Después formó parte de Televisión Martí, presentando un programa también de cine, con el mismo fondo político. Es decir que, como cualquier intelectual al servicio de una causa política, que además cobra, las opiniones del señor Ríos hay que ponerlas en perspectiva y no créerselas a la ligera.
Aclarado el transfondo diremos que el último artículo del señor Ríos es un ataque claro y sin reparos al programa de Amaury Perez y a algunos de sus entrevistados, esencialmente una sarta de sandeces. La emprende contra Alicia Alonso, que sea quien sea como persona --no tenemos el gusto de conocerla--, no deja de ser una gloria de Cuba. Dice de ella que dirige el Ballet Nacional de forma dictatorial, y eso, que puede ser verdad o puede ser mentira, nos hace pensar de inmediato en nuestros años de investigación científica, caundo nuestro profesor, mentor y jefe del grupo investigativo dentro de una muy conocida universidad norteamericana nos decía y recordaba cada vez que se iniciaba un conato de protesta en contra de las que eran sus directrices: "Esto no es una democracia". Alicia Alonso dirigirá su grupo de bailarines dictatorialmente -eso no lo sabemos-, pero ¿quién le dijo a Alejandro Ríos que el Ballet Nacional de Cuba es una democracia?
Menciona entonces a los jóvenes que se reúnen en la Calle G de La Habana, muchachos que profesan tendencias alternativas, y que según "el análisis" del señor Ríos, mientras se dedican a sus actividades allí en la calle, lo menos que piensan es en la Revolución. Tuviera valor "el análisis" del señor Ríos si, a la vez que menciona a los muchachos de la Calle G, se acordara de que el mismo tipo de jóvenes en cualquier calle de Nueva York, Paris o Londres tampoco piensan en el capitalismo ni la democracia ni la libertad, y que lo verdaderamente importante no es poner a esos muchachos dentro una evaluación de la problemática cubana, sino dentro de una evaluación de la problemática del mundo.
Muy veladamente se mofa Ríos de la supuesta homosexualidad de Alfredo Guevara, de quien dice haber aprendido a través del programa de Amaury que tuviera hijos y nietos, tema, que por el mero hecho de tocarlo, demuestra la mentalidad fascistoide que ha adquerido el señor Ríos en los años que lleva viviendo en Miami.
Ataca a Amaury y su programa Con dos que se quieran porque allí no se dice lo que se tiene que decir... como si en los programas de la televisión estadounidense, sobre todo la televisión en español, la televisión idiotizante y corrupta, se dijera lo que se tiene que decir. Las características cerradas de la sociedad cubana todos las conocemos, pero la realidad -y de esto en Miami parecen no enterarse- es que hay cambios evidentes, y el programa de Amaury es uno de los mejores ejemplos. La respuesta a su última entrevista, según se refleja en los comentarios de Cubadebate, es evidencia de ello, y de que el público cubano desea espacios de debate donde poder discutir abiertamente sus problemas.
Si de verdad queremos una Cuba mejor señor Ríos y señores editores de El Nuevo Herald, lo primero que tenemos que hacer es aprender a ser un poco más constructivos, un poco más abiertos nosotros mismos y empezar a barrer en casa, pues quizás no se han dado cuenta, pero en Miami no cambia nada.
Pero ayer hicimos una pequeña incursión por las páginas digitales del diario miamense, por las páginas dedicadas a Cuba, y nos tropezamos con un artículo del señor Alejandro Ríos que nos causó malestar de estómago.
Debemos aclarar primero que el señor Ríos es uno de los tantos intelectuales cubanos, o seres que tratan de vivir de la cultura cubana, al servicio de la industria anticastrista existente en Estados Unidos, principalmente en el sur de la Florida. En los años noventa dirigió el Ciclo Cubano de Cine que ofrecía el Miami-Dade Community College y que con cierta regularidad proyectaba películas producidas en la Isla, la mayoría de las cuales presentaban una imágen negativa del proceso cubano. Después formó parte de Televisión Martí, presentando un programa también de cine, con el mismo fondo político. Es decir que, como cualquier intelectual al servicio de una causa política, que además cobra, las opiniones del señor Ríos hay que ponerlas en perspectiva y no créerselas a la ligera.
Aclarado el transfondo diremos que el último artículo del señor Ríos es un ataque claro y sin reparos al programa de Amaury Perez y a algunos de sus entrevistados, esencialmente una sarta de sandeces. La emprende contra Alicia Alonso, que sea quien sea como persona --no tenemos el gusto de conocerla--, no deja de ser una gloria de Cuba. Dice de ella que dirige el Ballet Nacional de forma dictatorial, y eso, que puede ser verdad o puede ser mentira, nos hace pensar de inmediato en nuestros años de investigación científica, caundo nuestro profesor, mentor y jefe del grupo investigativo dentro de una muy conocida universidad norteamericana nos decía y recordaba cada vez que se iniciaba un conato de protesta en contra de las que eran sus directrices: "Esto no es una democracia". Alicia Alonso dirigirá su grupo de bailarines dictatorialmente -eso no lo sabemos-, pero ¿quién le dijo a Alejandro Ríos que el Ballet Nacional de Cuba es una democracia?
Menciona entonces a los jóvenes que se reúnen en la Calle G de La Habana, muchachos que profesan tendencias alternativas, y que según "el análisis" del señor Ríos, mientras se dedican a sus actividades allí en la calle, lo menos que piensan es en la Revolución. Tuviera valor "el análisis" del señor Ríos si, a la vez que menciona a los muchachos de la Calle G, se acordara de que el mismo tipo de jóvenes en cualquier calle de Nueva York, Paris o Londres tampoco piensan en el capitalismo ni la democracia ni la libertad, y que lo verdaderamente importante no es poner a esos muchachos dentro una evaluación de la problemática cubana, sino dentro de una evaluación de la problemática del mundo.
Muy veladamente se mofa Ríos de la supuesta homosexualidad de Alfredo Guevara, de quien dice haber aprendido a través del programa de Amaury que tuviera hijos y nietos, tema, que por el mero hecho de tocarlo, demuestra la mentalidad fascistoide que ha adquerido el señor Ríos en los años que lleva viviendo en Miami.
Ataca a Amaury y su programa Con dos que se quieran porque allí no se dice lo que se tiene que decir... como si en los programas de la televisión estadounidense, sobre todo la televisión en español, la televisión idiotizante y corrupta, se dijera lo que se tiene que decir. Las características cerradas de la sociedad cubana todos las conocemos, pero la realidad -y de esto en Miami parecen no enterarse- es que hay cambios evidentes, y el programa de Amaury es uno de los mejores ejemplos. La respuesta a su última entrevista, según se refleja en los comentarios de Cubadebate, es evidencia de ello, y de que el público cubano desea espacios de debate donde poder discutir abiertamente sus problemas.
Si de verdad queremos una Cuba mejor señor Ríos y señores editores de El Nuevo Herald, lo primero que tenemos que hacer es aprender a ser un poco más constructivos, un poco más abiertos nosotros mismos y empezar a barrer en casa, pues quizás no se han dado cuenta, pero en Miami no cambia nada.
martes, 20 de abril de 2010
Carta a Enrique Ubieta
Estimado Señor Ubieta:
Volvemos a comunicarnos con usted, esta vez para comentar sobre su visita a España, país que ha recorrido ofreciendo su opinión acerca de los acontecimientos acaecidos en Cuba a partir de la muerte de Orlando Zapata, así como de la “campaña mediática”, como usted y el gobierno cubano han titulado a la andanada de noticias referentes al caso y sus secuelas que llegan desde los Estados Unidos y la propia España.
Queremos empezar diciéndole que estamos de acuerdo con usted en cuanto a la restricción severa que sufre la libertad en el mundo capitalista actual, que concentra los grandes medios de comunicación en unas pocas manos y reduce a un mínimo el tipo de informaciones y opiniones que se le ofrece a la ciudadanía. La libertad dentro de un grupo social no se mide sólo por el acceso de los individuos a los medios, que en el más perfecto de los casos se vería limitada por espacio y tiempo, o la autorización para pararse en una esquina a vociferar palabras que caen en oídos sordos, sino también por la representación que nuestras opiniones, expresadas por quienquiera, tengan en esos medios; es decir que, asumiendo la heterogeneidad del pensamiento humano, una buena medida de libertad es la promoción y tolerancia que se de a la diversidad de pensamiento, y sobre todo de las posiciones disidentes y opositoras dentro del sistema, aun cuando proclamen un cambio de la organización política, económica y social. En el capitalismo democrático, a medida que los medios de comunicación han pasado a formar parte de inmensos y poderosos conglomerados privados, la diversidad se ha resentido, las ideas se han trivializado y el ciudadano ha salido perdiendo.
Basados en nuestra premisa -la promoción y tolerancia de la diversidad de pensamiento como medida de libertad-, sería difícil establecer una sociedad perfectamente libre, pues dependería del grado de promoción y tolerancia de ciertas ideas versus otras. Sin embargo, admitiendo sus limitaciones, siguen siendo más libres, por el grado de promoción y tolerancia de las diversas ideas que en ellas existe, las sociedades capitalistas democráticas que las sociedades socialistas como la cubana, donde la Constitución restrige las opiniones de los ciudadanos a aquellas que sean afines al sistema socialista, la mayoría de los medios de comunicación, exceptuando una ínfima minoría que pertenecen a organizaciones religiosas, están controlados por y al servicio del gobierno, bajo la dudosa etiqueta de que el gobierno representa al pueblo, y a los disidentes no sólo se les niega oportunidades como las que usted ha tenido en España, sino que hasta se les reprime y encarcela… Pero no hay necesidad de ir muy lejos -basta con recordarle aquellas palabras de Fidel: “Con la Revolución todo; contra la Revolución nada”…
Sea sincero señor Ubieta: ¿A qué intelectual asociado al Partido Popular español –dígamos- se le permitiría ir a Cuba, como se le ha permitido a usted en España, y pasearse por casi toda la geografía nacional criticando los medios de comunicación cubanos? A ninguno, porque Cuba hace cincuenta años vive en estado de guerra mental, y en una guerra no se le da ninguna oportunidad a los enemigos… En Cuba no hay tolerancia, ni hay libertad, señor Ubieta, mientras en los países capitalistas como España, usted tal vez sea considerado una persona con ideas contrarias a la norma establecida por el sistema, pero no es un enemigo: España no vive un estado de guerra mental, ni tiene, al menos por el momento, necesidad de temerle a lo que usted plantee en entrevistas y conferencias, como no se le teme ni a anarquistas ni a fascistas que adopten la vía pacífica para dar a conocer sus ideas.
Y al hablar de enemigos hay que preguntarse: ¿enemigos de quién? Porque está claro que, como usted dice, los comunistas durante la República Española eran los enemigos declarados de la oligarquía burguesa que perdía poder y eventualmente apoyaría a Franco. ¿Pasa lo mismo en Cuba? ¿Amenazan esos enemigos de la Revolución los privilegios de la oligarquía comunista que controla los destinos de Cuba? Pues como usted debe saber, muchas veces, detrás de las más hermosas ideas, se esconden los más mezquinos intereses.
Y al hablar de estado de guerra, asumiendo que la presión de la contrarrevolución requiriera tal estado, deberíamos preguntarnos: ¿ha sido suficiente excusa para limitarnos derechos elementales, privando al país de los beneficios que acompañan a la puesta en práctica de tales derechos? ¿No han estado las Fuerzas Armadas y el pueblo entrenados y preparados para defender con las armas a la Revolución? ¿Por qué tuvimos que involucrar intelectuales, periodistas, artistas, maestros…? ¿No se creía que poseíamos la verdad? Entonces, ¿por qué el miedo a la libertad?
Usted, señor Ubieta, puede opinar lo que quiera y viajar donde quiera, curiosamente derechos garantizados en cualquier sociedad capitalista democrática, pero no para el ciudadano común de esa Cuba que usted ha salido a defender en España… (Hoy mismo interferían en el Departamento de Inmigración de una de las provincias cubanas con la salida del padre de un amigo, hombre trabajador, campesino, que a sus setenta y cuatro años quiere pasar unos meses junto a sus hijos y ya tiene la visa para visitar los Estados Unidos, porque “¡hay que investigar de qué manera el hijo –mi amigo- salió del país hace trece años!”) Y como tiene todos esos derechos, yo se los respeto: diga y haga lo que quiera…
Créemos, sin embargo, que como intelectual cumpliría una función más acorde con su condición haciéndose sobre la sociedad cubana todas esas preguntas y cuestionamientos que se hace sobre la sociedad capitalista, y con lo que como ya le he dicho, estoy casi por entero de acuerdo con usted… Nos parece que el trabajo intelectual es precisamente eso, cuestionarse cada instante nuestras propias ideas, nuestros propios planteamientos en pos de la verdad, la cual, como decía Sócrates, es siempre elusiva.e inalcanzable… A veces es más fácil descubrir la mentira, que viene a ser como llegar a la verdad en reverso, y hay toneladas de mentiras que descubrir en Cuba, como esa, por ejemplo, de que allí durante la Revolución no se ha torturado a un preso y se respetan todos los derechos humanos. Si es así, ¿por qué los cubanos han tenido tanto miedo a ser honrados, a decir lo que piensan, desde que triunfara la Revolución?
Un abrazo.
Volvemos a comunicarnos con usted, esta vez para comentar sobre su visita a España, país que ha recorrido ofreciendo su opinión acerca de los acontecimientos acaecidos en Cuba a partir de la muerte de Orlando Zapata, así como de la “campaña mediática”, como usted y el gobierno cubano han titulado a la andanada de noticias referentes al caso y sus secuelas que llegan desde los Estados Unidos y la propia España.
Queremos empezar diciéndole que estamos de acuerdo con usted en cuanto a la restricción severa que sufre la libertad en el mundo capitalista actual, que concentra los grandes medios de comunicación en unas pocas manos y reduce a un mínimo el tipo de informaciones y opiniones que se le ofrece a la ciudadanía. La libertad dentro de un grupo social no se mide sólo por el acceso de los individuos a los medios, que en el más perfecto de los casos se vería limitada por espacio y tiempo, o la autorización para pararse en una esquina a vociferar palabras que caen en oídos sordos, sino también por la representación que nuestras opiniones, expresadas por quienquiera, tengan en esos medios; es decir que, asumiendo la heterogeneidad del pensamiento humano, una buena medida de libertad es la promoción y tolerancia que se de a la diversidad de pensamiento, y sobre todo de las posiciones disidentes y opositoras dentro del sistema, aun cuando proclamen un cambio de la organización política, económica y social. En el capitalismo democrático, a medida que los medios de comunicación han pasado a formar parte de inmensos y poderosos conglomerados privados, la diversidad se ha resentido, las ideas se han trivializado y el ciudadano ha salido perdiendo.
Basados en nuestra premisa -la promoción y tolerancia de la diversidad de pensamiento como medida de libertad-, sería difícil establecer una sociedad perfectamente libre, pues dependería del grado de promoción y tolerancia de ciertas ideas versus otras. Sin embargo, admitiendo sus limitaciones, siguen siendo más libres, por el grado de promoción y tolerancia de las diversas ideas que en ellas existe, las sociedades capitalistas democráticas que las sociedades socialistas como la cubana, donde la Constitución restrige las opiniones de los ciudadanos a aquellas que sean afines al sistema socialista, la mayoría de los medios de comunicación, exceptuando una ínfima minoría que pertenecen a organizaciones religiosas, están controlados por y al servicio del gobierno, bajo la dudosa etiqueta de que el gobierno representa al pueblo, y a los disidentes no sólo se les niega oportunidades como las que usted ha tenido en España, sino que hasta se les reprime y encarcela… Pero no hay necesidad de ir muy lejos -basta con recordarle aquellas palabras de Fidel: “Con la Revolución todo; contra la Revolución nada”…
Sea sincero señor Ubieta: ¿A qué intelectual asociado al Partido Popular español –dígamos- se le permitiría ir a Cuba, como se le ha permitido a usted en España, y pasearse por casi toda la geografía nacional criticando los medios de comunicación cubanos? A ninguno, porque Cuba hace cincuenta años vive en estado de guerra mental, y en una guerra no se le da ninguna oportunidad a los enemigos… En Cuba no hay tolerancia, ni hay libertad, señor Ubieta, mientras en los países capitalistas como España, usted tal vez sea considerado una persona con ideas contrarias a la norma establecida por el sistema, pero no es un enemigo: España no vive un estado de guerra mental, ni tiene, al menos por el momento, necesidad de temerle a lo que usted plantee en entrevistas y conferencias, como no se le teme ni a anarquistas ni a fascistas que adopten la vía pacífica para dar a conocer sus ideas.
Y al hablar de enemigos hay que preguntarse: ¿enemigos de quién? Porque está claro que, como usted dice, los comunistas durante la República Española eran los enemigos declarados de la oligarquía burguesa que perdía poder y eventualmente apoyaría a Franco. ¿Pasa lo mismo en Cuba? ¿Amenazan esos enemigos de la Revolución los privilegios de la oligarquía comunista que controla los destinos de Cuba? Pues como usted debe saber, muchas veces, detrás de las más hermosas ideas, se esconden los más mezquinos intereses.
Y al hablar de estado de guerra, asumiendo que la presión de la contrarrevolución requiriera tal estado, deberíamos preguntarnos: ¿ha sido suficiente excusa para limitarnos derechos elementales, privando al país de los beneficios que acompañan a la puesta en práctica de tales derechos? ¿No han estado las Fuerzas Armadas y el pueblo entrenados y preparados para defender con las armas a la Revolución? ¿Por qué tuvimos que involucrar intelectuales, periodistas, artistas, maestros…? ¿No se creía que poseíamos la verdad? Entonces, ¿por qué el miedo a la libertad?
Usted, señor Ubieta, puede opinar lo que quiera y viajar donde quiera, curiosamente derechos garantizados en cualquier sociedad capitalista democrática, pero no para el ciudadano común de esa Cuba que usted ha salido a defender en España… (Hoy mismo interferían en el Departamento de Inmigración de una de las provincias cubanas con la salida del padre de un amigo, hombre trabajador, campesino, que a sus setenta y cuatro años quiere pasar unos meses junto a sus hijos y ya tiene la visa para visitar los Estados Unidos, porque “¡hay que investigar de qué manera el hijo –mi amigo- salió del país hace trece años!”) Y como tiene todos esos derechos, yo se los respeto: diga y haga lo que quiera…
Créemos, sin embargo, que como intelectual cumpliría una función más acorde con su condición haciéndose sobre la sociedad cubana todas esas preguntas y cuestionamientos que se hace sobre la sociedad capitalista, y con lo que como ya le he dicho, estoy casi por entero de acuerdo con usted… Nos parece que el trabajo intelectual es precisamente eso, cuestionarse cada instante nuestras propias ideas, nuestros propios planteamientos en pos de la verdad, la cual, como decía Sócrates, es siempre elusiva.e inalcanzable… A veces es más fácil descubrir la mentira, que viene a ser como llegar a la verdad en reverso, y hay toneladas de mentiras que descubrir en Cuba, como esa, por ejemplo, de que allí durante la Revolución no se ha torturado a un preso y se respetan todos los derechos humanos. Si es así, ¿por qué los cubanos han tenido tanto miedo a ser honrados, a decir lo que piensan, desde que triunfara la Revolución?
Un abrazo.
domingo, 11 de abril de 2010
Comentando a Fidel: El IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba
Confesamos que no es tarea fácil, que cuando abrimos la página le damos un barrido de inmediato, de arriba a abajo, para estimar más o menos cuán largo ha de ser el sufrimiento. No por ello deja de ser necesario este trabajo porque ¿qué mejor revisión de una época que adentrarnos en el pensamiento de sus líderes? ¿Que echarle un vistazo a las ideas y a los hechos en los que han basado sus planteamientos, sus acciones? Si un hombre es lo que hace y lo que piensa, ¿qué es un país cuya andadura descansa en la mente de un hombre?
Nos sirve la empresa además para darle un repaso a la historia, y situarnos y sostenernos de pie ante la demagogia, y hacer valer un derecho del que nadie habla, pero que es tan válido como el derecho a la libre expresión: el derecho a no ser engañados; sobre todo hoy, cuando cualquiera te puede montar una historieta en cinco minutos y distribuirla por el mundo en segundos; cuando los medios de comunicación se corrompen al compás del dinero que suena en el bolsillo de los magnates del sector; y cuando a políticos convalescientes y ya retirados de sus funciones públicas se les permite sin el menor cuestionamiento interpretar los hechos a su conveniencia, en lugar de existir una seria revisión de su labor en manos de historiadores e intelectuales, y en los mismos medios que se prestan para divulgar su verborrea.
Y es que por el camino que vamos no nos cabe duda de que un día en nuestro país se podría llegar a enseñar "la historia según Fidel" porque ¿para qué sirven estos revoltillos periodicos de interpretaciones históricas llamados Reflexiones del Compañero Fidel? Se sospecha que el Comandante dirige los juegos del equipo cubano de béisbol desde La Habana, así que ¿por qué no convertirse en autor de los libros de historia que se usan en el país? No hace mucho, en una de sus reflexiones, nos recordaba que hasta los alumnos de secundaria cubanos conocían através de sus libros escolares un asunto determinado de su exposición, lo que nos lleva a pensar en dos posibles alternativas: o Fidel nutre sus conocimientos históricos a partir de libros de secundaria, o ha desempeñado un papel en la elaboración, inclusión o supervisión de ciertos contenidos de esos libros -no deja de ser curioso cuánto se parece lo que escribe el ex-presidente cubano a lo que se enseña en Cuba.
Cuando comenzamos a leer la última reflexión del líder de la Revolución cubana parece que nos va a hablar del Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, pero como es su costumbre primero nos somete a un largo recorrido histórico donde sobresale esa apología recurrente, indirecta y subliminal que hace de la extinta Unión Soviética, lo cual no nos sorprende, pues si a alguien o a algo le debe estar Fidel Castro agradecido es precisamente a la Unión Soviética, ese artificioso engendro convertido en Estado que ayudó al Comandante a sostenerse en el poder y realizar la mayoría de obras que se llevaron a cabo durante la Revolución, desde los edificios austeros y faltos de gracia con que se llenó la geografía nacional a la incursión de las tropas cubanas en África.
Pero como nosotros no le debemos mucho a la Unión Soviética, y además podemos darnos el lujo de tener acceso libre a la información -no a la mediatizada del capitalismo brutal ni a la del comunismo dictatorial, ni a la que aparece en libros de secundaria, sino la que se logra extraer de las bibliotecas universitarias-, vamos a revisar y criticar los planteamientos del Comandante acerca de aquel generoso, pero nada desinteresado amigo Estado soviético.
Vuelve a tratar Fidel el tema de las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki y el fin de la guerra contra Japón, algo que por haberlo discutido en un comentario anterior nos vamos a ahorrar aquí, aunque sí volvemos a recalcar que, primero, la Unión Soviética le declara la guerra al imperio asiático una semana antes de la rendición japonesa, y segundo, el gran peso de la guerra en el Pacífico lo llevó Estados Unidos... Negar ésto es cegarse a propósito ante la realidad histórica.
Otro repetido punto mediante el que intenta engrandecer el Comandante la imagen de su desaparecido aliado es la mención del número de muertos sufridos por la URSS durante la conflagración y del incuestionable papel del Ejército Rojo en la derrota nazi, lo cual hace honor a los muertos y a los soldados, pero deja muy mal parados las fuentes o la seriedad e imparcialidad del análisis del ex-líder cubano, porque, si se trata de agrandar el mérito del Estado soviético sobre las bases del sufrimiento de su pueblo, no se puede pasar por alto que ese gran número de víctimas en la Unión Soviética, a las que hay que añadir el resto de europeos, asiáticos, americanos y africanos que perecieron durante la Gran Guerra, incluyendo los millones que murieron en los campos de concentración, constituye una mancha muy grande sobre el comunismo dictatorial y tiránico que imperaba en la Unión Soviética, dado que el gran culpable de que ocurrieran todas esas muertes fue Josef Stalin, quien elevó a Hitler al lugar que ocupa en la historia.
Esto es algo que no recogen los libros de historia de secundaria en Cuba, pero se sabe que el acceso de Adolfo Hitler y el nacionalsocialismo al poder se debió principalmente al ataque de Stalin a los socialdemócratas alemanes, evitando la formación de una alianza de izquierda entre éstos y los comunistas, a pesar del llamamiento a la creación de un frente contra el nazismo por la Internacional, dejándole el camino libre a Hitler para su victoria en una elecciones en las que había obtenido una minoría de votos y para la posterior imposición del régimen fascista y genocida que condujo a la contienda global.
De igual manera no se pueden olvidar las purgas estalinistas que diezmaron en sobremanera la oficialidad del Ejército Rojo en la última parte de la década de los treinta, así como el pacto de no agresión entre los soviéticos y la Alemania nazi, en el que esencialmente se repartían Polonia, pero sobre todo, el hecho de que Stalin ignorara todos los avisos provenientes de los organismos de inteligencia soviéticos anunciando un inminente ataque alemán, la disposición de las fuerzas defensivas soviéticas dejara muchísimo que desear, como documentó Alexander Nekrich, y el dictador confiara hasta el último segundo en la buena voluntad de su socio en maldad Adolfo Hitler.
Hoy en día en Rusia sólo padecen nostalgia de tiempos mejores una masa de gentes que se acostumbraron a vivir del Estado, como Fidel se acostumbró a vivir del subsidio soviético y abandonó la economía cubana al destino de su gran benefactor, pero ¿quién puede recordar con aires nostálgicos una sociedad como la soviética que se caracterizó por la descriminación racial y étnica contra las minorías no rusas, incluyendo judíos, tártaros, ucranianos, etc; la creación de campos de trabajos donde fueron a parar y a morir desde los soldados soviéticos que habían sido hechos prisioneros por los alemanes hasta destacados intelectuales y científicos, millones de personas; la deportación interior de los disidentes; la intervención armada en países supuestamente soberanos como Hungría y Checoslovaquia; y muchas más aberraciones y lacras que pervivían mientras el Comandante ligaba el futuro de nuestro país al futuro de esa nefasta maquinaria de miedo y esclavitud que se desintegró tan pronto el primer haz de libertad se asomó por aquellas tierras?
No hay duda de que en concepto y en ejecución el régimen soviético superó a la Rusia zarista, reducto feudal en pleno siglo XX, y representó un avance para el pueblo ruso, pero no por ellos tenemos que dejar de ser críticos ni esconder o manipular la historia como lo hace intencionadamente Fidel, quien repite la misma operación al tocar el tema de la Cuba pre-revolucionaria, a modo de panfleto propagandístico, no de reflexión seria, alterando realidades indiscriminadamente, como la versión que da ahora de los años cincuenta, donde según dice, poseía una interpretación radical y revolucionaria del proceso que habría de conducir.
Y la pregunta sigue siendo, si lo que se pretendía era realizar una revolución social, ¿por qué no se le dijo al pueblo? Porque es cierto que Fidel y sus compañeros veían en la lucha armada, y de ahí su radicalismo en contraposición a las otras fuerzas que preferían un diálogo o la intervención del ejército, como salida a la dictadura batistiana, pero ¿revolución socialista?
Todo el proceso contra Batista, desde 1952 hasta 1959, es reflejo de un deseo de retorno a la constitucionalidad, que tiene su culminación en una guerra civil. La verdadera revolución ocurre entre 1959 y 1961, cuando las fuerzas comandadas por el mismo Fidel se hacen con el control total de las instituciones y se deshacen mediante la nacionalización, la coharción, el encarcelamiento de las facciones democráticas que lucharon contra Batista y de la burguesía cubana, parte considerable de la cual había apoyado el movimiento contra el previo dictador.
Menciona varias veces la palabra engaño en su última reflexión... Cuidado, que como todo lo que se escribe está sujeto a interpretaciones.
Nos sirve la empresa además para darle un repaso a la historia, y situarnos y sostenernos de pie ante la demagogia, y hacer valer un derecho del que nadie habla, pero que es tan válido como el derecho a la libre expresión: el derecho a no ser engañados; sobre todo hoy, cuando cualquiera te puede montar una historieta en cinco minutos y distribuirla por el mundo en segundos; cuando los medios de comunicación se corrompen al compás del dinero que suena en el bolsillo de los magnates del sector; y cuando a políticos convalescientes y ya retirados de sus funciones públicas se les permite sin el menor cuestionamiento interpretar los hechos a su conveniencia, en lugar de existir una seria revisión de su labor en manos de historiadores e intelectuales, y en los mismos medios que se prestan para divulgar su verborrea.
Y es que por el camino que vamos no nos cabe duda de que un día en nuestro país se podría llegar a enseñar "la historia según Fidel" porque ¿para qué sirven estos revoltillos periodicos de interpretaciones históricas llamados Reflexiones del Compañero Fidel? Se sospecha que el Comandante dirige los juegos del equipo cubano de béisbol desde La Habana, así que ¿por qué no convertirse en autor de los libros de historia que se usan en el país? No hace mucho, en una de sus reflexiones, nos recordaba que hasta los alumnos de secundaria cubanos conocían através de sus libros escolares un asunto determinado de su exposición, lo que nos lleva a pensar en dos posibles alternativas: o Fidel nutre sus conocimientos históricos a partir de libros de secundaria, o ha desempeñado un papel en la elaboración, inclusión o supervisión de ciertos contenidos de esos libros -no deja de ser curioso cuánto se parece lo que escribe el ex-presidente cubano a lo que se enseña en Cuba.
Cuando comenzamos a leer la última reflexión del líder de la Revolución cubana parece que nos va a hablar del Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, pero como es su costumbre primero nos somete a un largo recorrido histórico donde sobresale esa apología recurrente, indirecta y subliminal que hace de la extinta Unión Soviética, lo cual no nos sorprende, pues si a alguien o a algo le debe estar Fidel Castro agradecido es precisamente a la Unión Soviética, ese artificioso engendro convertido en Estado que ayudó al Comandante a sostenerse en el poder y realizar la mayoría de obras que se llevaron a cabo durante la Revolución, desde los edificios austeros y faltos de gracia con que se llenó la geografía nacional a la incursión de las tropas cubanas en África.
Pero como nosotros no le debemos mucho a la Unión Soviética, y además podemos darnos el lujo de tener acceso libre a la información -no a la mediatizada del capitalismo brutal ni a la del comunismo dictatorial, ni a la que aparece en libros de secundaria, sino la que se logra extraer de las bibliotecas universitarias-, vamos a revisar y criticar los planteamientos del Comandante acerca de aquel generoso, pero nada desinteresado amigo Estado soviético.
Vuelve a tratar Fidel el tema de las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki y el fin de la guerra contra Japón, algo que por haberlo discutido en un comentario anterior nos vamos a ahorrar aquí, aunque sí volvemos a recalcar que, primero, la Unión Soviética le declara la guerra al imperio asiático una semana antes de la rendición japonesa, y segundo, el gran peso de la guerra en el Pacífico lo llevó Estados Unidos... Negar ésto es cegarse a propósito ante la realidad histórica.
Otro repetido punto mediante el que intenta engrandecer el Comandante la imagen de su desaparecido aliado es la mención del número de muertos sufridos por la URSS durante la conflagración y del incuestionable papel del Ejército Rojo en la derrota nazi, lo cual hace honor a los muertos y a los soldados, pero deja muy mal parados las fuentes o la seriedad e imparcialidad del análisis del ex-líder cubano, porque, si se trata de agrandar el mérito del Estado soviético sobre las bases del sufrimiento de su pueblo, no se puede pasar por alto que ese gran número de víctimas en la Unión Soviética, a las que hay que añadir el resto de europeos, asiáticos, americanos y africanos que perecieron durante la Gran Guerra, incluyendo los millones que murieron en los campos de concentración, constituye una mancha muy grande sobre el comunismo dictatorial y tiránico que imperaba en la Unión Soviética, dado que el gran culpable de que ocurrieran todas esas muertes fue Josef Stalin, quien elevó a Hitler al lugar que ocupa en la historia.
Esto es algo que no recogen los libros de historia de secundaria en Cuba, pero se sabe que el acceso de Adolfo Hitler y el nacionalsocialismo al poder se debió principalmente al ataque de Stalin a los socialdemócratas alemanes, evitando la formación de una alianza de izquierda entre éstos y los comunistas, a pesar del llamamiento a la creación de un frente contra el nazismo por la Internacional, dejándole el camino libre a Hitler para su victoria en una elecciones en las que había obtenido una minoría de votos y para la posterior imposición del régimen fascista y genocida que condujo a la contienda global.
De igual manera no se pueden olvidar las purgas estalinistas que diezmaron en sobremanera la oficialidad del Ejército Rojo en la última parte de la década de los treinta, así como el pacto de no agresión entre los soviéticos y la Alemania nazi, en el que esencialmente se repartían Polonia, pero sobre todo, el hecho de que Stalin ignorara todos los avisos provenientes de los organismos de inteligencia soviéticos anunciando un inminente ataque alemán, la disposición de las fuerzas defensivas soviéticas dejara muchísimo que desear, como documentó Alexander Nekrich, y el dictador confiara hasta el último segundo en la buena voluntad de su socio en maldad Adolfo Hitler.
Hoy en día en Rusia sólo padecen nostalgia de tiempos mejores una masa de gentes que se acostumbraron a vivir del Estado, como Fidel se acostumbró a vivir del subsidio soviético y abandonó la economía cubana al destino de su gran benefactor, pero ¿quién puede recordar con aires nostálgicos una sociedad como la soviética que se caracterizó por la descriminación racial y étnica contra las minorías no rusas, incluyendo judíos, tártaros, ucranianos, etc; la creación de campos de trabajos donde fueron a parar y a morir desde los soldados soviéticos que habían sido hechos prisioneros por los alemanes hasta destacados intelectuales y científicos, millones de personas; la deportación interior de los disidentes; la intervención armada en países supuestamente soberanos como Hungría y Checoslovaquia; y muchas más aberraciones y lacras que pervivían mientras el Comandante ligaba el futuro de nuestro país al futuro de esa nefasta maquinaria de miedo y esclavitud que se desintegró tan pronto el primer haz de libertad se asomó por aquellas tierras?
No hay duda de que en concepto y en ejecución el régimen soviético superó a la Rusia zarista, reducto feudal en pleno siglo XX, y representó un avance para el pueblo ruso, pero no por ellos tenemos que dejar de ser críticos ni esconder o manipular la historia como lo hace intencionadamente Fidel, quien repite la misma operación al tocar el tema de la Cuba pre-revolucionaria, a modo de panfleto propagandístico, no de reflexión seria, alterando realidades indiscriminadamente, como la versión que da ahora de los años cincuenta, donde según dice, poseía una interpretación radical y revolucionaria del proceso que habría de conducir.
Y la pregunta sigue siendo, si lo que se pretendía era realizar una revolución social, ¿por qué no se le dijo al pueblo? Porque es cierto que Fidel y sus compañeros veían en la lucha armada, y de ahí su radicalismo en contraposición a las otras fuerzas que preferían un diálogo o la intervención del ejército, como salida a la dictadura batistiana, pero ¿revolución socialista?
Todo el proceso contra Batista, desde 1952 hasta 1959, es reflejo de un deseo de retorno a la constitucionalidad, que tiene su culminación en una guerra civil. La verdadera revolución ocurre entre 1959 y 1961, cuando las fuerzas comandadas por el mismo Fidel se hacen con el control total de las instituciones y se deshacen mediante la nacionalización, la coharción, el encarcelamiento de las facciones democráticas que lucharon contra Batista y de la burguesía cubana, parte considerable de la cual había apoyado el movimiento contra el previo dictador.
Menciona varias veces la palabra engaño en su última reflexión... Cuidado, que como todo lo que se escribe está sujeto a interpretaciones.
sábado, 10 de abril de 2010
Ni el muerto puede descansar en paz

Entre cúmulos de insensatez y nimbos de frivolidad se mueve la guerra sucia, hartera, podrida que libran los partidarios del régimen cubano y sus detractores en estos tiempos.
Se escribe un capítulo -o dos, o tres- cada día, cada vez más bochornoso, burda propaganda que ya da asco, ganas de vomitar -y eso que llegan a ser tantos que no tenemos tiempo de léerlos todos.
Y Cuba sufriendo.
El capítulo menos asqueorso: la controversia entre Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner.
El más ridículo: Hilda Molina dice que Fidel la pretendía mandándole flores.
Y Cuba sufriendo.
La falta de respeto total: el artículo de Andrés Gómez publicado ayer viernes en Cubadebate: "Lo que le importa la vida de un 'disidente'".
Y es que si hace dos días nos parecía una desfachatez aquel titular de El Nuevo Herald -Se retracta Silvio Rodríguez-, hoy no nos vamos a quedar callados con este artículucho de Andrés Gómez.
Y Cuba sufriendo.
Es Andrés Gómez un señor que vive en los Estados Unidos y fue fundador de la Brigada Antonio Maceo, integrada por cubanos que apoyan la Revolución desde territorio norteamericano, además de realizar una labor periodística en favor del régimen cubano, visitar la isla frecuentemente y recibir, suponemos -nosotros no somos tan sinvergüenzas como otros para asegurarlo-, la retribución por su labor.
Cumple este señor prácticamente todos los réquisitos, según los parámetros con que acusa el gobierno cubano a los disidentes, para ser catalogado como "mercenario" por los Estados Unidos, en este caso en favor del régimen de La Habana, pero preferimos decir que es un señor que hace uso de los derechos que le concede su condición de ciudadano o residente legal en Estados Unidos para opinar lo que le venga en ganas, aunque sea un insulto.
Y Cuba sufriendo.
Y dice Andrés Gómez en su artículo de ayer sobre Orlando Zapata Tamayo, el disidente que pereciera en febrero tras una larga huelga de hambre: "Parece ser que durante esta última de sus giras por cárceles cubanas alguien lo convenció que se convirtiera en un “disidente”. ¿Por qué no? Siendo “disidente” recibiría dinero..."
Resulta que contrario a lo que dice el régimen y alabarderos como el señor Gómez, tratando de pintar a Zapata Tamayo como un vulgar delincuente común para desacreditar su lucha, este hombre, con un innegable historial delictivo -menos escalofríante,eso sí, que el de Crescencio Pérez, aquel bandido de la Sierra Maestra que terminó siendo héroe de la Revolución-, Zapata, decíamos, ya estaba vinculado a la disidencia antes de entrar a prisión, prueba de lo cual es la foto de arriba.
En ella aparece Zapata, segundo por la izquierda, con Marta Beatriz Roque, Félix Bonne Carcacés y René Gómez Manzano, todos connotados disidentes. Como ninguno lleva traje de preso, es obvio que esta foto se tomó antes de que Orlando Zapata Tamayo entrara a prisión.
Queda la posibilidad que el señor Zapata estuviera haciendo un trabajo de albañilería al dueño de la casa donde se obtuvo la foto y quisiera arriesgar su libertad a cambio de una instantánea para la historia, pero como es más fácil concluir que el régimen no tiene más respuesta que desprestigiar al disidente, porque la historia de las dictaduras comunistas está ahí para enseñarnos como actúan, créemos que, aunque pueda haber manchas en la vida y en la lucha del Orlando Zapata Tamayo, es mucho más repugnante que una dictadura no respete ni siquiera a un muerto.
Y se vale de todo y de todos, como este señor Andrés Gómez, que burdo perio... burdo alabardero a la hora de escribir, es un mentiroso.
Y Cuba sufriendo.
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