Estimado Señor Ubieta:
Volvemos a comunicarnos con usted, esta vez para comentar sobre su visita a España, país que ha recorrido ofreciendo su opinión acerca de los acontecimientos acaecidos en Cuba a partir de la muerte de Orlando Zapata, así como de la “campaña mediática”, como usted y el gobierno cubano han titulado a la andanada de noticias referentes al caso y sus secuelas que llegan desde los Estados Unidos y la propia España.
Queremos empezar diciéndole que estamos de acuerdo con usted en cuanto a la restricción severa que sufre la libertad en el mundo capitalista actual, que concentra los grandes medios de comunicación en unas pocas manos y reduce a un mínimo el tipo de informaciones y opiniones que se le ofrece a la ciudadanía. La libertad dentro de un grupo social no se mide sólo por el acceso de los individuos a los medios, que en el más perfecto de los casos se vería limitada por espacio y tiempo, o la autorización para pararse en una esquina a vociferar palabras que caen en oídos sordos, sino también por la representación que nuestras opiniones, expresadas por quienquiera, tengan en esos medios; es decir que, asumiendo la heterogeneidad del pensamiento humano, una buena medida de libertad es la promoción y tolerancia que se de a la diversidad de pensamiento, y sobre todo de las posiciones disidentes y opositoras dentro del sistema, aun cuando proclamen un cambio de la organización política, económica y social. En el capitalismo democrático, a medida que los medios de comunicación han pasado a formar parte de inmensos y poderosos conglomerados privados, la diversidad se ha resentido, las ideas se han trivializado y el ciudadano ha salido perdiendo.
Basados en nuestra premisa -la promoción y tolerancia de la diversidad de pensamiento como medida de libertad-, sería difícil establecer una sociedad perfectamente libre, pues dependería del grado de promoción y tolerancia de ciertas ideas versus otras. Sin embargo, admitiendo sus limitaciones, siguen siendo más libres, por el grado de promoción y tolerancia de las diversas ideas que en ellas existe, las sociedades capitalistas democráticas que las sociedades socialistas como la cubana, donde la Constitución restrige las opiniones de los ciudadanos a aquellas que sean afines al sistema socialista, la mayoría de los medios de comunicación, exceptuando una ínfima minoría que pertenecen a organizaciones religiosas, están controlados por y al servicio del gobierno, bajo la dudosa etiqueta de que el gobierno representa al pueblo, y a los disidentes no sólo se les niega oportunidades como las que usted ha tenido en España, sino que hasta se les reprime y encarcela… Pero no hay necesidad de ir muy lejos -basta con recordarle aquellas palabras de Fidel: “Con la Revolución todo; contra la Revolución nada”…
Sea sincero señor Ubieta: ¿A qué intelectual asociado al Partido Popular español –dígamos- se le permitiría ir a Cuba, como se le ha permitido a usted en España, y pasearse por casi toda la geografía nacional criticando los medios de comunicación cubanos? A ninguno, porque Cuba hace cincuenta años vive en estado de guerra mental, y en una guerra no se le da ninguna oportunidad a los enemigos… En Cuba no hay tolerancia, ni hay libertad, señor Ubieta, mientras en los países capitalistas como España, usted tal vez sea considerado una persona con ideas contrarias a la norma establecida por el sistema, pero no es un enemigo: España no vive un estado de guerra mental, ni tiene, al menos por el momento, necesidad de temerle a lo que usted plantee en entrevistas y conferencias, como no se le teme ni a anarquistas ni a fascistas que adopten la vía pacífica para dar a conocer sus ideas.
Y al hablar de enemigos hay que preguntarse: ¿enemigos de quién? Porque está claro que, como usted dice, los comunistas durante la República Española eran los enemigos declarados de la oligarquía burguesa que perdía poder y eventualmente apoyaría a Franco. ¿Pasa lo mismo en Cuba? ¿Amenazan esos enemigos de la Revolución los privilegios de la oligarquía comunista que controla los destinos de Cuba? Pues como usted debe saber, muchas veces, detrás de las más hermosas ideas, se esconden los más mezquinos intereses.
Y al hablar de estado de guerra, asumiendo que la presión de la contrarrevolución requiriera tal estado, deberíamos preguntarnos: ¿ha sido suficiente excusa para limitarnos derechos elementales, privando al país de los beneficios que acompañan a la puesta en práctica de tales derechos? ¿No han estado las Fuerzas Armadas y el pueblo entrenados y preparados para defender con las armas a la Revolución? ¿Por qué tuvimos que involucrar intelectuales, periodistas, artistas, maestros…? ¿No se creía que poseíamos la verdad? Entonces, ¿por qué el miedo a la libertad?
Usted, señor Ubieta, puede opinar lo que quiera y viajar donde quiera, curiosamente derechos garantizados en cualquier sociedad capitalista democrática, pero no para el ciudadano común de esa Cuba que usted ha salido a defender en España… (Hoy mismo interferían en el Departamento de Inmigración de una de las provincias cubanas con la salida del padre de un amigo, hombre trabajador, campesino, que a sus setenta y cuatro años quiere pasar unos meses junto a sus hijos y ya tiene la visa para visitar los Estados Unidos, porque “¡hay que investigar de qué manera el hijo –mi amigo- salió del país hace trece años!”) Y como tiene todos esos derechos, yo se los respeto: diga y haga lo que quiera…
Créemos, sin embargo, que como intelectual cumpliría una función más acorde con su condición haciéndose sobre la sociedad cubana todas esas preguntas y cuestionamientos que se hace sobre la sociedad capitalista, y con lo que como ya le he dicho, estoy casi por entero de acuerdo con usted… Nos parece que el trabajo intelectual es precisamente eso, cuestionarse cada instante nuestras propias ideas, nuestros propios planteamientos en pos de la verdad, la cual, como decía Sócrates, es siempre elusiva.e inalcanzable… A veces es más fácil descubrir la mentira, que viene a ser como llegar a la verdad en reverso, y hay toneladas de mentiras que descubrir en Cuba, como esa, por ejemplo, de que allí durante la Revolución no se ha torturado a un preso y se respetan todos los derechos humanos. Si es así, ¿por qué los cubanos han tenido tanto miedo a ser honrados, a decir lo que piensan, desde que triunfara la Revolución?
Un abrazo.
martes, 20 de abril de 2010
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