viernes, 29 de octubre de 2010
Campaña contra el Embargo
En concordancia con nuestra postura acerca del Embargo estadounidense contra Cuba, hoy iniciamos una campaña en nuestro sitio que se centra en algunas de las compañías que brindan su apoyo financiero a los congresistas cubanoamericanos en el Congreso de los Estados Unidos, el Senador Bob Menéndez y los Representantes Ileana Ros-Lehtinen, Mario Días-Balart y Albio Sires. Hemos puesto los enlaces de contacto con estas compañías, así como una pequeña carta que puede ser copiada y pegada, y en la que le dejamos a las personas que la utilicen la opción de decidir qué medidas o acciones tomar en contra de las compañías. Una vez más es importante subrayar que en las actuales circunstancias aspirar a la eliminación total del embargo pasa por una lucha frontal contra quienes lo promueven dentro de la maquinaria política norteamericana, y esos son los sectores ultraderechistas del exilio en Miami y Nueva Jersey a través de los congresistas de origen cubano. Ahora con la probable llegada al Senado de Marco Rubio su poder debe aumentar. Se hace imprescindible que adoptemos una posición activa contra ellos, y una muy buena manera de empezar es cortándoles algo del flujo de dinero que los sostiene en el poder. Para acceder a nuestro sitio pueden visitar: http://www.debatecuba.org/EmbargoNo/boicot.html
jueves, 21 de octubre de 2010
Criticar por criticar o el arte de no ayudar
Confesamos que léemos El Nuevo Herald poco, pues desde que lo conocemos, como el Granma, ha cambiado poco, y para más de lo mismo preferimos aprovechar nuestro tiempo en otros medios más productivos, como Cubadebate que trae una visión bastante amplia de la izquierda internacional (mientras para la visión de la derecha menos recalcitrante seguimos utilizando El País de Madrid).
Pero ayer hicimos una pequeña incursión por las páginas digitales del diario miamense, por las páginas dedicadas a Cuba, y nos tropezamos con un artículo del señor Alejandro Ríos que nos causó malestar de estómago.
Debemos aclarar primero que el señor Ríos es uno de los tantos intelectuales cubanos, o seres que tratan de vivir de la cultura cubana, al servicio de la industria anticastrista existente en Estados Unidos, principalmente en el sur de la Florida. En los años noventa dirigió el Ciclo Cubano de Cine que ofrecía el Miami-Dade Community College y que con cierta regularidad proyectaba películas producidas en la Isla, la mayoría de las cuales presentaban una imágen negativa del proceso cubano. Después formó parte de Televisión Martí, presentando un programa también de cine, con el mismo fondo político. Es decir que, como cualquier intelectual al servicio de una causa política, que además cobra, las opiniones del señor Ríos hay que ponerlas en perspectiva y no créerselas a la ligera.
Aclarado el transfondo diremos que el último artículo del señor Ríos es un ataque claro y sin reparos al programa de Amaury Perez y a algunos de sus entrevistados, esencialmente una sarta de sandeces. La emprende contra Alicia Alonso, que sea quien sea como persona --no tenemos el gusto de conocerla--, no deja de ser una gloria de Cuba. Dice de ella que dirige el Ballet Nacional de forma dictatorial, y eso, que puede ser verdad o puede ser mentira, nos hace pensar de inmediato en nuestros años de investigación científica, caundo nuestro profesor, mentor y jefe del grupo investigativo dentro de una muy conocida universidad norteamericana nos decía y recordaba cada vez que se iniciaba un conato de protesta en contra de las que eran sus directrices: "Esto no es una democracia". Alicia Alonso dirigirá su grupo de bailarines dictatorialmente -eso no lo sabemos-, pero ¿quién le dijo a Alejandro Ríos que el Ballet Nacional de Cuba es una democracia?
Menciona entonces a los jóvenes que se reúnen en la Calle G de La Habana, muchachos que profesan tendencias alternativas, y que según "el análisis" del señor Ríos, mientras se dedican a sus actividades allí en la calle, lo menos que piensan es en la Revolución. Tuviera valor "el análisis" del señor Ríos si, a la vez que menciona a los muchachos de la Calle G, se acordara de que el mismo tipo de jóvenes en cualquier calle de Nueva York, Paris o Londres tampoco piensan en el capitalismo ni la democracia ni la libertad, y que lo verdaderamente importante no es poner a esos muchachos dentro una evaluación de la problemática cubana, sino dentro de una evaluación de la problemática del mundo.
Muy veladamente se mofa Ríos de la supuesta homosexualidad de Alfredo Guevara, de quien dice haber aprendido a través del programa de Amaury que tuviera hijos y nietos, tema, que por el mero hecho de tocarlo, demuestra la mentalidad fascistoide que ha adquerido el señor Ríos en los años que lleva viviendo en Miami.
Ataca a Amaury y su programa Con dos que se quieran porque allí no se dice lo que se tiene que decir... como si en los programas de la televisión estadounidense, sobre todo la televisión en español, la televisión idiotizante y corrupta, se dijera lo que se tiene que decir. Las características cerradas de la sociedad cubana todos las conocemos, pero la realidad -y de esto en Miami parecen no enterarse- es que hay cambios evidentes, y el programa de Amaury es uno de los mejores ejemplos. La respuesta a su última entrevista, según se refleja en los comentarios de Cubadebate, es evidencia de ello, y de que el público cubano desea espacios de debate donde poder discutir abiertamente sus problemas.
Si de verdad queremos una Cuba mejor señor Ríos y señores editores de El Nuevo Herald, lo primero que tenemos que hacer es aprender a ser un poco más constructivos, un poco más abiertos nosotros mismos y empezar a barrer en casa, pues quizás no se han dado cuenta, pero en Miami no cambia nada.
Pero ayer hicimos una pequeña incursión por las páginas digitales del diario miamense, por las páginas dedicadas a Cuba, y nos tropezamos con un artículo del señor Alejandro Ríos que nos causó malestar de estómago.
Debemos aclarar primero que el señor Ríos es uno de los tantos intelectuales cubanos, o seres que tratan de vivir de la cultura cubana, al servicio de la industria anticastrista existente en Estados Unidos, principalmente en el sur de la Florida. En los años noventa dirigió el Ciclo Cubano de Cine que ofrecía el Miami-Dade Community College y que con cierta regularidad proyectaba películas producidas en la Isla, la mayoría de las cuales presentaban una imágen negativa del proceso cubano. Después formó parte de Televisión Martí, presentando un programa también de cine, con el mismo fondo político. Es decir que, como cualquier intelectual al servicio de una causa política, que además cobra, las opiniones del señor Ríos hay que ponerlas en perspectiva y no créerselas a la ligera.
Aclarado el transfondo diremos que el último artículo del señor Ríos es un ataque claro y sin reparos al programa de Amaury Perez y a algunos de sus entrevistados, esencialmente una sarta de sandeces. La emprende contra Alicia Alonso, que sea quien sea como persona --no tenemos el gusto de conocerla--, no deja de ser una gloria de Cuba. Dice de ella que dirige el Ballet Nacional de forma dictatorial, y eso, que puede ser verdad o puede ser mentira, nos hace pensar de inmediato en nuestros años de investigación científica, caundo nuestro profesor, mentor y jefe del grupo investigativo dentro de una muy conocida universidad norteamericana nos decía y recordaba cada vez que se iniciaba un conato de protesta en contra de las que eran sus directrices: "Esto no es una democracia". Alicia Alonso dirigirá su grupo de bailarines dictatorialmente -eso no lo sabemos-, pero ¿quién le dijo a Alejandro Ríos que el Ballet Nacional de Cuba es una democracia?
Menciona entonces a los jóvenes que se reúnen en la Calle G de La Habana, muchachos que profesan tendencias alternativas, y que según "el análisis" del señor Ríos, mientras se dedican a sus actividades allí en la calle, lo menos que piensan es en la Revolución. Tuviera valor "el análisis" del señor Ríos si, a la vez que menciona a los muchachos de la Calle G, se acordara de que el mismo tipo de jóvenes en cualquier calle de Nueva York, Paris o Londres tampoco piensan en el capitalismo ni la democracia ni la libertad, y que lo verdaderamente importante no es poner a esos muchachos dentro una evaluación de la problemática cubana, sino dentro de una evaluación de la problemática del mundo.
Muy veladamente se mofa Ríos de la supuesta homosexualidad de Alfredo Guevara, de quien dice haber aprendido a través del programa de Amaury que tuviera hijos y nietos, tema, que por el mero hecho de tocarlo, demuestra la mentalidad fascistoide que ha adquerido el señor Ríos en los años que lleva viviendo en Miami.
Ataca a Amaury y su programa Con dos que se quieran porque allí no se dice lo que se tiene que decir... como si en los programas de la televisión estadounidense, sobre todo la televisión en español, la televisión idiotizante y corrupta, se dijera lo que se tiene que decir. Las características cerradas de la sociedad cubana todos las conocemos, pero la realidad -y de esto en Miami parecen no enterarse- es que hay cambios evidentes, y el programa de Amaury es uno de los mejores ejemplos. La respuesta a su última entrevista, según se refleja en los comentarios de Cubadebate, es evidencia de ello, y de que el público cubano desea espacios de debate donde poder discutir abiertamente sus problemas.
Si de verdad queremos una Cuba mejor señor Ríos y señores editores de El Nuevo Herald, lo primero que tenemos que hacer es aprender a ser un poco más constructivos, un poco más abiertos nosotros mismos y empezar a barrer en casa, pues quizás no se han dado cuenta, pero en Miami no cambia nada.
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