martes, 20 de abril de 2010

Carta a Enrique Ubieta

Estimado Señor Ubieta:

Volvemos a comunicarnos con usted, esta vez para comentar sobre su visita a España, país que ha recorrido ofreciendo su opinión acerca de los acontecimientos acaecidos en Cuba a partir de la muerte de Orlando Zapata, así como de la “campaña mediática”, como usted y el gobierno cubano han titulado a la andanada de noticias referentes al caso y sus secuelas que llegan desde los Estados Unidos y la propia España.

Queremos empezar diciéndole que estamos de acuerdo con usted en cuanto a la restricción severa que sufre la libertad en el mundo capitalista actual, que concentra los grandes medios de comunicación en unas pocas manos y reduce a un mínimo el tipo de informaciones y opiniones que se le ofrece a la ciudadanía. La libertad dentro de un grupo social no se mide sólo por el acceso de los individuos a los medios, que en el más perfecto de los casos se vería limitada por espacio y tiempo, o la autorización para pararse en una esquina a vociferar palabras que caen en oídos sordos, sino también por la representación que nuestras opiniones, expresadas por quienquiera, tengan en esos medios; es decir que, asumiendo la heterogeneidad del pensamiento humano, una buena medida de libertad es la promoción y tolerancia que se de a la diversidad de pensamiento, y sobre todo de las posiciones disidentes y opositoras dentro del sistema, aun cuando proclamen un cambio de la organización política, económica y social. En el capitalismo democrático, a medida que los medios de comunicación han pasado a formar parte de inmensos y poderosos conglomerados privados, la diversidad se ha resentido, las ideas se han trivializado y el ciudadano ha salido perdiendo.

Basados en nuestra premisa -la promoción y tolerancia de la diversidad de pensamiento como medida de libertad-, sería difícil establecer una sociedad perfectamente libre, pues dependería del grado de promoción y tolerancia de ciertas ideas versus otras. Sin embargo, admitiendo sus limitaciones, siguen siendo más libres, por el grado de promoción y tolerancia de las diversas ideas que en ellas existe, las sociedades capitalistas democráticas que las sociedades socialistas como la cubana, donde la Constitución restrige las opiniones de los ciudadanos a aquellas que sean afines al sistema socialista, la mayoría de los medios de comunicación, exceptuando una ínfima minoría que pertenecen a organizaciones religiosas, están controlados por y al servicio del gobierno, bajo la dudosa etiqueta de que el gobierno representa al pueblo, y a los disidentes no sólo se les niega oportunidades como las que usted ha tenido en España, sino que hasta se les reprime y encarcela… Pero no hay necesidad de ir muy lejos -basta con recordarle aquellas palabras de Fidel: “Con la Revolución todo; contra la Revolución nada”…

Sea sincero señor Ubieta: ¿A qué intelectual asociado al Partido Popular español –dígamos- se le permitiría ir a Cuba, como se le ha permitido a usted en España, y pasearse por casi toda la geografía nacional criticando los medios de comunicación cubanos? A ninguno, porque Cuba hace cincuenta años vive en estado de guerra mental, y en una guerra no se le da ninguna oportunidad a los enemigos… En Cuba no hay tolerancia, ni hay libertad, señor Ubieta, mientras en los países capitalistas como España, usted tal vez sea considerado una persona con ideas contrarias a la norma establecida por el sistema, pero no es un enemigo: España no vive un estado de guerra mental, ni tiene, al menos por el momento, necesidad de temerle a lo que usted plantee en entrevistas y conferencias, como no se le teme ni a anarquistas ni a fascistas que adopten la vía pacífica para dar a conocer sus ideas.

Y al hablar de enemigos hay que preguntarse: ¿enemigos de quién? Porque está claro que, como usted dice, los comunistas durante la República Española eran los enemigos declarados de la oligarquía burguesa que perdía poder y eventualmente apoyaría a Franco. ¿Pasa lo mismo en Cuba? ¿Amenazan esos enemigos de la Revolución los privilegios de la oligarquía comunista que controla los destinos de Cuba? Pues como usted debe saber, muchas veces, detrás de las más hermosas ideas, se esconden los más mezquinos intereses.

Y al hablar de estado de guerra, asumiendo que la presión de la contrarrevolución requiriera tal estado, deberíamos preguntarnos: ¿ha sido suficiente excusa para limitarnos derechos elementales, privando al país de los beneficios que acompañan a la puesta en práctica de tales derechos? ¿No han estado las Fuerzas Armadas y el pueblo entrenados y preparados para defender con las armas a la Revolución? ¿Por qué tuvimos que involucrar intelectuales, periodistas, artistas, maestros…? ¿No se creía que poseíamos la verdad? Entonces, ¿por qué el miedo a la libertad?

Usted, señor Ubieta, puede opinar lo que quiera y viajar donde quiera, curiosamente derechos garantizados en cualquier sociedad capitalista democrática, pero no para el ciudadano común de esa Cuba que usted ha salido a defender en España… (Hoy mismo interferían en el Departamento de Inmigración de una de las provincias cubanas con la salida del padre de un amigo, hombre trabajador, campesino, que a sus setenta y cuatro años quiere pasar unos meses junto a sus hijos y ya tiene la visa para visitar los Estados Unidos, porque “¡hay que investigar de qué manera el hijo –mi amigo- salió del país hace trece años!”) Y como tiene todos esos derechos, yo se los respeto: diga y haga lo que quiera…

Créemos, sin embargo, que como intelectual cumpliría una función más acorde con su condición haciéndose sobre la sociedad cubana todas esas preguntas y cuestionamientos que se hace sobre la sociedad capitalista, y con lo que como ya le he dicho, estoy casi por entero de acuerdo con usted… Nos parece que el trabajo intelectual es precisamente eso, cuestionarse cada instante nuestras propias ideas, nuestros propios planteamientos en pos de la verdad, la cual, como decía Sócrates, es siempre elusiva.e inalcanzable… A veces es más fácil descubrir la mentira, que viene a ser como llegar a la verdad en reverso, y hay toneladas de mentiras que descubrir en Cuba, como esa, por ejemplo, de que allí durante la Revolución no se ha torturado a un preso y se respetan todos los derechos humanos. Si es así, ¿por qué los cubanos han tenido tanto miedo a ser honrados, a decir lo que piensan, desde que triunfara la Revolución?

Un abrazo.

domingo, 11 de abril de 2010

Comentando a Fidel: El IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba

Confesamos que no es tarea fácil, que cuando abrimos la página le damos un barrido de inmediato, de arriba a abajo, para estimar más o menos cuán largo ha de ser el sufrimiento. No por ello deja de ser necesario este trabajo porque ¿qué mejor revisión de una época que adentrarnos en el pensamiento de sus líderes? ¿Que echarle un vistazo a las ideas y a los hechos en los que han basado sus planteamientos, sus acciones? Si un hombre es lo que hace y lo que piensa, ¿qué es un país cuya andadura descansa en la mente de un hombre?

Nos sirve la empresa además para darle un repaso a la historia, y situarnos y sostenernos de pie ante la demagogia, y hacer valer un derecho del que nadie habla, pero que es tan válido como el derecho a la libre expresión: el derecho a no ser engañados; sobre todo hoy, cuando cualquiera te puede montar una historieta en cinco minutos y distribuirla por el mundo en segundos; cuando los medios de comunicación se corrompen al compás del dinero que suena en el bolsillo de los magnates del sector; y cuando a políticos convalescientes y ya retirados de sus funciones públicas se les permite sin el menor cuestionamiento interpretar los hechos a su conveniencia, en lugar de existir una seria revisión de su labor en manos de historiadores e intelectuales, y en los mismos medios que se prestan para divulgar su verborrea.

Y es que por el camino que vamos no nos cabe duda de que un día en nuestro país se podría llegar a enseñar "la historia según Fidel" porque ¿para qué sirven estos revoltillos periodicos de interpretaciones históricas llamados Reflexiones del Compañero Fidel? Se sospecha que el Comandante dirige los juegos del equipo cubano de béisbol desde La Habana, así que ¿por qué no convertirse en autor de los libros de historia que se usan en el país? No hace mucho, en una de sus reflexiones, nos recordaba que hasta los alumnos de secundaria cubanos conocían através de sus libros escolares un asunto determinado de su exposición, lo que nos lleva a pensar en dos posibles alternativas: o Fidel nutre sus conocimientos históricos a partir de libros de secundaria, o ha desempeñado un papel en la elaboración, inclusión o supervisión de ciertos contenidos de esos libros -no deja de ser curioso cuánto se parece lo que escribe el ex-presidente cubano a lo que se enseña en Cuba.

Cuando comenzamos a leer la última reflexión del líder de la Revolución cubana parece que nos va a hablar del Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, pero como es su costumbre primero nos somete a un largo recorrido histórico donde sobresale esa apología recurrente, indirecta y subliminal que hace de la extinta Unión Soviética, lo cual no nos sorprende, pues si a alguien o a algo le debe estar Fidel Castro agradecido es precisamente a la Unión Soviética, ese artificioso engendro convertido en Estado que ayudó al Comandante a sostenerse en el poder y realizar la mayoría de obras que se llevaron a cabo durante la Revolución, desde los edificios austeros y faltos de gracia con que se llenó la geografía nacional a la incursión de las tropas cubanas en África.

Pero como nosotros no le debemos mucho a la Unión Soviética, y además podemos darnos el lujo de tener acceso libre a la información -no a la mediatizada del capitalismo brutal ni a la del comunismo dictatorial, ni a la que aparece en libros de secundaria, sino la que se logra extraer de las bibliotecas universitarias-, vamos a revisar y criticar los planteamientos del Comandante acerca de aquel generoso, pero nada desinteresado amigo Estado soviético.

Vuelve a tratar Fidel el tema de las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki y el fin de la guerra contra Japón, algo que por haberlo discutido en un comentario anterior nos vamos a ahorrar aquí, aunque sí volvemos a recalcar que, primero, la Unión Soviética le declara la guerra al imperio asiático una semana antes de la rendición japonesa, y segundo, el gran peso de la guerra en el Pacífico lo llevó Estados Unidos... Negar ésto es cegarse a propósito ante la realidad histórica.

Otro repetido punto mediante el que intenta engrandecer el Comandante la imagen de su desaparecido aliado es la mención del número de muertos sufridos por la URSS durante la conflagración y del incuestionable papel del Ejército Rojo en la derrota nazi, lo cual hace honor a los muertos y a los soldados, pero deja muy mal parados las fuentes o la seriedad e imparcialidad del análisis del ex-líder cubano, porque, si se trata de agrandar el mérito del Estado soviético sobre las bases del sufrimiento de su pueblo, no se puede pasar por alto que ese gran número de víctimas en la Unión Soviética, a las que hay que añadir el resto de europeos, asiáticos, americanos y africanos que perecieron durante la Gran Guerra, incluyendo los millones que murieron en los campos de concentración, constituye una mancha muy grande sobre el comunismo dictatorial y tiránico que imperaba en la Unión Soviética, dado que el gran culpable de que ocurrieran todas esas muertes fue Josef Stalin, quien elevó a Hitler al lugar que ocupa en la historia.

Esto es algo que no recogen los libros de historia de secundaria en Cuba, pero se sabe que el acceso de Adolfo Hitler y el nacionalsocialismo al poder se debió principalmente al ataque de Stalin a los socialdemócratas alemanes, evitando la formación de una alianza de izquierda entre éstos y los comunistas, a pesar del llamamiento a la creación de un frente contra el nazismo por la Internacional, dejándole el camino libre a Hitler para su victoria en una elecciones en las que había obtenido una minoría de votos y para la posterior imposición del régimen fascista y genocida que condujo a la contienda global.

De igual manera no se pueden olvidar las purgas estalinistas que diezmaron en sobremanera la oficialidad del Ejército Rojo en la última parte de la década de los treinta, así como el pacto de no agresión entre los soviéticos y la Alemania nazi, en el que esencialmente se repartían Polonia, pero sobre todo, el hecho de que Stalin ignorara todos los avisos provenientes de los organismos de inteligencia soviéticos anunciando un inminente ataque alemán, la disposición de las fuerzas defensivas soviéticas dejara muchísimo que desear, como documentó Alexander Nekrich, y el dictador confiara hasta el último segundo en la buena voluntad de su socio en maldad Adolfo Hitler.

Hoy en día en Rusia sólo padecen nostalgia de tiempos mejores una masa de gentes que se acostumbraron a vivir del Estado, como Fidel se acostumbró a vivir del subsidio soviético y abandonó la economía cubana al destino de su gran benefactor, pero ¿quién puede recordar con aires nostálgicos una sociedad como la soviética que se caracterizó por la descriminación racial y étnica contra las minorías no rusas, incluyendo judíos, tártaros, ucranianos, etc; la creación de campos de trabajos donde fueron a parar y a morir desde los soldados soviéticos que habían sido hechos prisioneros por los alemanes hasta destacados intelectuales y científicos, millones de personas; la deportación interior de los disidentes; la intervención armada en países supuestamente soberanos como Hungría y Checoslovaquia; y muchas más aberraciones y lacras que pervivían mientras el Comandante ligaba el futuro de nuestro país al futuro de esa nefasta maquinaria de miedo y esclavitud que se desintegró tan pronto el primer haz de libertad se asomó por aquellas tierras?

No hay duda de que en concepto y en ejecución el régimen soviético superó a la Rusia zarista, reducto feudal en pleno siglo XX, y representó un avance para el pueblo ruso, pero no por ellos tenemos que dejar de ser críticos ni esconder o manipular la historia como lo hace intencionadamente Fidel, quien repite la misma operación al tocar el tema de la Cuba pre-revolucionaria, a modo de panfleto propagandístico, no de reflexión seria, alterando realidades indiscriminadamente, como la versión que da ahora de los años cincuenta, donde según dice, poseía una interpretación radical y revolucionaria del proceso que habría de conducir.

Y la pregunta sigue siendo, si lo que se pretendía era realizar una revolución social, ¿por qué no se le dijo al pueblo? Porque es cierto que Fidel y sus compañeros veían en la lucha armada, y de ahí su radicalismo en contraposición a las otras fuerzas que preferían un diálogo o la intervención del ejército, como salida a la dictadura batistiana, pero ¿revolución socialista?

Todo el proceso contra Batista, desde 1952 hasta 1959, es reflejo de un deseo de retorno a la constitucionalidad, que tiene su culminación en una guerra civil. La verdadera revolución ocurre entre 1959 y 1961, cuando las fuerzas comandadas por el mismo Fidel se hacen con el control total de las instituciones y se deshacen mediante la nacionalización, la coharción, el encarcelamiento de las facciones democráticas que lucharon contra Batista y de la burguesía cubana, parte considerable de la cual había apoyado el movimiento contra el previo dictador.

Menciona varias veces la palabra engaño en su última reflexión... Cuidado, que como todo lo que se escribe está sujeto a interpretaciones.

sábado, 10 de abril de 2010

Ni el muerto puede descansar en paz


Entre cúmulos de insensatez y nimbos de frivolidad se mueve la guerra sucia, hartera, podrida que libran los partidarios del régimen cubano y sus detractores en estos tiempos.

Se escribe un capítulo -o dos, o tres- cada día, cada vez más bochornoso, burda propaganda que ya da asco, ganas de vomitar -y eso que llegan a ser tantos que no tenemos tiempo de léerlos todos.

Y Cuba sufriendo.

El capítulo menos asqueorso: la controversia entre Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner.

El más ridículo: Hilda Molina dice que Fidel la pretendía mandándole flores.

Y Cuba sufriendo.

La falta de respeto total: el artículo de Andrés Gómez publicado ayer viernes en Cubadebate: "Lo que le importa la vida de un 'disidente'".

Y es que si hace dos días nos parecía una desfachatez aquel titular de El Nuevo Herald -Se retracta Silvio Rodríguez-, hoy no nos vamos a quedar callados con este artículucho de Andrés Gómez.

Y Cuba sufriendo.

Es Andrés Gómez un señor que vive en los Estados Unidos y fue fundador de la Brigada Antonio Maceo, integrada por cubanos que apoyan la Revolución desde territorio norteamericano, además de realizar una labor periodística en favor del régimen cubano, visitar la isla frecuentemente y recibir, suponemos -nosotros no somos tan sinvergüenzas como otros para asegurarlo-, la retribución por su labor.

Cumple este señor prácticamente todos los réquisitos, según los parámetros con que acusa el gobierno cubano a los disidentes, para ser catalogado como "mercenario" por los Estados Unidos, en este caso en favor del régimen de La Habana, pero preferimos decir que es un señor que hace uso de los derechos que le concede su condición de ciudadano o residente legal en Estados Unidos para opinar lo que le venga en ganas, aunque sea un insulto.

Y Cuba sufriendo.

Y dice Andrés Gómez en su artículo de ayer sobre Orlando Zapata Tamayo, el disidente que pereciera en febrero tras una larga huelga de hambre: "Parece ser que durante esta última de sus giras por cárceles cubanas alguien lo convenció que se convirtiera en un “disidente”. ¿Por qué no? Siendo “disidente” recibiría dinero..."

Resulta que contrario a lo que dice el régimen y alabarderos como el señor Gómez, tratando de pintar a Zapata Tamayo como un vulgar delincuente común para desacreditar su lucha, este hombre, con un innegable historial delictivo -menos escalofríante,eso sí, que el de Crescencio Pérez, aquel bandido de la Sierra Maestra que terminó siendo héroe de la Revolución-, Zapata, decíamos, ya estaba vinculado a la disidencia antes de entrar a prisión, prueba de lo cual es la foto de arriba.

En ella aparece Zapata, segundo por la izquierda, con Marta Beatriz Roque, Félix Bonne Carcacés y René Gómez Manzano, todos connotados disidentes. Como ninguno lleva traje de preso, es obvio que esta foto se tomó antes de que Orlando Zapata Tamayo entrara a prisión.

Queda la posibilidad que el señor Zapata estuviera haciendo un trabajo de albañilería al dueño de la casa donde se obtuvo la foto y quisiera arriesgar su libertad a cambio de una instantánea para la historia, pero como es más fácil concluir que el régimen no tiene más respuesta que desprestigiar al disidente, porque la historia de las dictaduras comunistas está ahí para enseñarnos como actúan, créemos que, aunque pueda haber manchas en la vida y en la lucha del Orlando Zapata Tamayo, es mucho más repugnante que una dictadura no respete ni siquiera a un muerto.

Y se vale de todo y de todos, como este señor Andrés Gómez, que burdo perio... burdo alabardero a la hora de escribir, es un mentiroso.

Y Cuba sufriendo.