domingo, 11 de abril de 2010

Comentando a Fidel: El IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba

Confesamos que no es tarea fácil, que cuando abrimos la página le damos un barrido de inmediato, de arriba a abajo, para estimar más o menos cuán largo ha de ser el sufrimiento. No por ello deja de ser necesario este trabajo porque ¿qué mejor revisión de una época que adentrarnos en el pensamiento de sus líderes? ¿Que echarle un vistazo a las ideas y a los hechos en los que han basado sus planteamientos, sus acciones? Si un hombre es lo que hace y lo que piensa, ¿qué es un país cuya andadura descansa en la mente de un hombre?

Nos sirve la empresa además para darle un repaso a la historia, y situarnos y sostenernos de pie ante la demagogia, y hacer valer un derecho del que nadie habla, pero que es tan válido como el derecho a la libre expresión: el derecho a no ser engañados; sobre todo hoy, cuando cualquiera te puede montar una historieta en cinco minutos y distribuirla por el mundo en segundos; cuando los medios de comunicación se corrompen al compás del dinero que suena en el bolsillo de los magnates del sector; y cuando a políticos convalescientes y ya retirados de sus funciones públicas se les permite sin el menor cuestionamiento interpretar los hechos a su conveniencia, en lugar de existir una seria revisión de su labor en manos de historiadores e intelectuales, y en los mismos medios que se prestan para divulgar su verborrea.

Y es que por el camino que vamos no nos cabe duda de que un día en nuestro país se podría llegar a enseñar "la historia según Fidel" porque ¿para qué sirven estos revoltillos periodicos de interpretaciones históricas llamados Reflexiones del Compañero Fidel? Se sospecha que el Comandante dirige los juegos del equipo cubano de béisbol desde La Habana, así que ¿por qué no convertirse en autor de los libros de historia que se usan en el país? No hace mucho, en una de sus reflexiones, nos recordaba que hasta los alumnos de secundaria cubanos conocían através de sus libros escolares un asunto determinado de su exposición, lo que nos lleva a pensar en dos posibles alternativas: o Fidel nutre sus conocimientos históricos a partir de libros de secundaria, o ha desempeñado un papel en la elaboración, inclusión o supervisión de ciertos contenidos de esos libros -no deja de ser curioso cuánto se parece lo que escribe el ex-presidente cubano a lo que se enseña en Cuba.

Cuando comenzamos a leer la última reflexión del líder de la Revolución cubana parece que nos va a hablar del Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, pero como es su costumbre primero nos somete a un largo recorrido histórico donde sobresale esa apología recurrente, indirecta y subliminal que hace de la extinta Unión Soviética, lo cual no nos sorprende, pues si a alguien o a algo le debe estar Fidel Castro agradecido es precisamente a la Unión Soviética, ese artificioso engendro convertido en Estado que ayudó al Comandante a sostenerse en el poder y realizar la mayoría de obras que se llevaron a cabo durante la Revolución, desde los edificios austeros y faltos de gracia con que se llenó la geografía nacional a la incursión de las tropas cubanas en África.

Pero como nosotros no le debemos mucho a la Unión Soviética, y además podemos darnos el lujo de tener acceso libre a la información -no a la mediatizada del capitalismo brutal ni a la del comunismo dictatorial, ni a la que aparece en libros de secundaria, sino la que se logra extraer de las bibliotecas universitarias-, vamos a revisar y criticar los planteamientos del Comandante acerca de aquel generoso, pero nada desinteresado amigo Estado soviético.

Vuelve a tratar Fidel el tema de las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki y el fin de la guerra contra Japón, algo que por haberlo discutido en un comentario anterior nos vamos a ahorrar aquí, aunque sí volvemos a recalcar que, primero, la Unión Soviética le declara la guerra al imperio asiático una semana antes de la rendición japonesa, y segundo, el gran peso de la guerra en el Pacífico lo llevó Estados Unidos... Negar ésto es cegarse a propósito ante la realidad histórica.

Otro repetido punto mediante el que intenta engrandecer el Comandante la imagen de su desaparecido aliado es la mención del número de muertos sufridos por la URSS durante la conflagración y del incuestionable papel del Ejército Rojo en la derrota nazi, lo cual hace honor a los muertos y a los soldados, pero deja muy mal parados las fuentes o la seriedad e imparcialidad del análisis del ex-líder cubano, porque, si se trata de agrandar el mérito del Estado soviético sobre las bases del sufrimiento de su pueblo, no se puede pasar por alto que ese gran número de víctimas en la Unión Soviética, a las que hay que añadir el resto de europeos, asiáticos, americanos y africanos que perecieron durante la Gran Guerra, incluyendo los millones que murieron en los campos de concentración, constituye una mancha muy grande sobre el comunismo dictatorial y tiránico que imperaba en la Unión Soviética, dado que el gran culpable de que ocurrieran todas esas muertes fue Josef Stalin, quien elevó a Hitler al lugar que ocupa en la historia.

Esto es algo que no recogen los libros de historia de secundaria en Cuba, pero se sabe que el acceso de Adolfo Hitler y el nacionalsocialismo al poder se debió principalmente al ataque de Stalin a los socialdemócratas alemanes, evitando la formación de una alianza de izquierda entre éstos y los comunistas, a pesar del llamamiento a la creación de un frente contra el nazismo por la Internacional, dejándole el camino libre a Hitler para su victoria en una elecciones en las que había obtenido una minoría de votos y para la posterior imposición del régimen fascista y genocida que condujo a la contienda global.

De igual manera no se pueden olvidar las purgas estalinistas que diezmaron en sobremanera la oficialidad del Ejército Rojo en la última parte de la década de los treinta, así como el pacto de no agresión entre los soviéticos y la Alemania nazi, en el que esencialmente se repartían Polonia, pero sobre todo, el hecho de que Stalin ignorara todos los avisos provenientes de los organismos de inteligencia soviéticos anunciando un inminente ataque alemán, la disposición de las fuerzas defensivas soviéticas dejara muchísimo que desear, como documentó Alexander Nekrich, y el dictador confiara hasta el último segundo en la buena voluntad de su socio en maldad Adolfo Hitler.

Hoy en día en Rusia sólo padecen nostalgia de tiempos mejores una masa de gentes que se acostumbraron a vivir del Estado, como Fidel se acostumbró a vivir del subsidio soviético y abandonó la economía cubana al destino de su gran benefactor, pero ¿quién puede recordar con aires nostálgicos una sociedad como la soviética que se caracterizó por la descriminación racial y étnica contra las minorías no rusas, incluyendo judíos, tártaros, ucranianos, etc; la creación de campos de trabajos donde fueron a parar y a morir desde los soldados soviéticos que habían sido hechos prisioneros por los alemanes hasta destacados intelectuales y científicos, millones de personas; la deportación interior de los disidentes; la intervención armada en países supuestamente soberanos como Hungría y Checoslovaquia; y muchas más aberraciones y lacras que pervivían mientras el Comandante ligaba el futuro de nuestro país al futuro de esa nefasta maquinaria de miedo y esclavitud que se desintegró tan pronto el primer haz de libertad se asomó por aquellas tierras?

No hay duda de que en concepto y en ejecución el régimen soviético superó a la Rusia zarista, reducto feudal en pleno siglo XX, y representó un avance para el pueblo ruso, pero no por ellos tenemos que dejar de ser críticos ni esconder o manipular la historia como lo hace intencionadamente Fidel, quien repite la misma operación al tocar el tema de la Cuba pre-revolucionaria, a modo de panfleto propagandístico, no de reflexión seria, alterando realidades indiscriminadamente, como la versión que da ahora de los años cincuenta, donde según dice, poseía una interpretación radical y revolucionaria del proceso que habría de conducir.

Y la pregunta sigue siendo, si lo que se pretendía era realizar una revolución social, ¿por qué no se le dijo al pueblo? Porque es cierto que Fidel y sus compañeros veían en la lucha armada, y de ahí su radicalismo en contraposición a las otras fuerzas que preferían un diálogo o la intervención del ejército, como salida a la dictadura batistiana, pero ¿revolución socialista?

Todo el proceso contra Batista, desde 1952 hasta 1959, es reflejo de un deseo de retorno a la constitucionalidad, que tiene su culminación en una guerra civil. La verdadera revolución ocurre entre 1959 y 1961, cuando las fuerzas comandadas por el mismo Fidel se hacen con el control total de las instituciones y se deshacen mediante la nacionalización, la coharción, el encarcelamiento de las facciones democráticas que lucharon contra Batista y de la burguesía cubana, parte considerable de la cual había apoyado el movimiento contra el previo dictador.

Menciona varias veces la palabra engaño en su última reflexión... Cuidado, que como todo lo que se escribe está sujeto a interpretaciones.

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